
Ya cumplí 4 décadas. Los 39 años anteriores, pasaron de forma bastante bien y con emociones intensas. Mi experiencia incluye de todo (o casi todo) sé de batallas ganadas y luchas perdidas, de soledades y compañías, de permanencias y ausencias, de penas y alegrías. En fin….. a los 40 se sabe que en la vida no sólo existe el rosa (como se cree a los 15). 40 años le enseñan a una todos los tonos del gris.
En uno de mis primeros post dije que de niña soñaba con tener un circo, ser doctora o filósofa. Habría que conocer bien a mi familia o, convivir con ellos un fin de semana, para saber que lo del circo no lo tengo perdido del todo. Doctora y filósofa me siento un poco cada vez que alguien que quiero viene a mí con cara larga y se despide con una sonrisa.
En 40 años nunca aprendí a hacer planes. Imagino que después de 10 mudanzas, 3 maridos y sus respectivos divorcios y 10 empleos; lo que una aprende bien es que nada es para siempre. Me refiero a nada que no dependa de uno solo es para siempre. Para mí, lo único permanente e importante en la vida son las “querencias” que claro, incluyen a la familia. Se sabe o, por lo menos se sospecha, que el amor eterno es el que se trabaja día con día.
El espejo, la verdad, no ayuda mucho a festejar los 40 muy contentas que digamos. Pero si uno mira hacia adentro, la cosa se equilibra bastante bien. El cabello blanco viene asomando, pero a cambio; conocemos el significado de estas palabras: Paz y plenitud. Hay celulitis, pero nunca como a los 40 se tiene tanta seguridad en una, en lo que somos capaces de dar y merecemos recibir. Hay arrugas en el rostro, pero son invisibles si las comparamos con las satisfacciones que 39 años dejan tras de sí.
A los 40, también se aprende que el amor verdadero está hilvanado de corazón, cabeza y cultura, porque es sentimiento, razón y espiritualidad. Que no basta una cara y un cuerpo espectacular en un hombre, si no se tiene más que alpiste en el cerebro. Que la persona auténtica es aquella que mantiene coherencia entre la teoría y la práctica y no la que presume su auto último modelo para transitar 2 cuadras. Que el sentido del humor y la agudeza no es sólo contar chistes “colorados”.
Reconozco que a los 40: tengo más de lo que merezco. Un hogar y el cariño de los que viven conmigo. Una familia. Amigas incondicionales. Un empleo que me gusta y, desde hace poco, el amor de una pareja. Para que se entienda lo que digo, les dejo la carta que me regaló mi hijo el día que cumplí 40 (para los que no le entiendan, más abajo está la transcripción con los puntos y comas que le faltaron a mi hijo).
En uno de mis primeros post dije que de niña soñaba con tener un circo, ser doctora o filósofa. Habría que conocer bien a mi familia o, convivir con ellos un fin de semana, para saber que lo del circo no lo tengo perdido del todo. Doctora y filósofa me siento un poco cada vez que alguien que quiero viene a mí con cara larga y se despide con una sonrisa.
En 40 años nunca aprendí a hacer planes. Imagino que después de 10 mudanzas, 3 maridos y sus respectivos divorcios y 10 empleos; lo que una aprende bien es que nada es para siempre. Me refiero a nada que no dependa de uno solo es para siempre. Para mí, lo único permanente e importante en la vida son las “querencias” que claro, incluyen a la familia. Se sabe o, por lo menos se sospecha, que el amor eterno es el que se trabaja día con día.
El espejo, la verdad, no ayuda mucho a festejar los 40 muy contentas que digamos. Pero si uno mira hacia adentro, la cosa se equilibra bastante bien. El cabello blanco viene asomando, pero a cambio; conocemos el significado de estas palabras: Paz y plenitud. Hay celulitis, pero nunca como a los 40 se tiene tanta seguridad en una, en lo que somos capaces de dar y merecemos recibir. Hay arrugas en el rostro, pero son invisibles si las comparamos con las satisfacciones que 39 años dejan tras de sí.
A los 40, también se aprende que el amor verdadero está hilvanado de corazón, cabeza y cultura, porque es sentimiento, razón y espiritualidad. Que no basta una cara y un cuerpo espectacular en un hombre, si no se tiene más que alpiste en el cerebro. Que la persona auténtica es aquella que mantiene coherencia entre la teoría y la práctica y no la que presume su auto último modelo para transitar 2 cuadras. Que el sentido del humor y la agudeza no es sólo contar chistes “colorados”.
Reconozco que a los 40: tengo más de lo que merezco. Un hogar y el cariño de los que viven conmigo. Una familia. Amigas incondicionales. Un empleo que me gusta y, desde hace poco, el amor de una pareja. Para que se entienda lo que digo, les dejo la carta que me regaló mi hijo el día que cumplí 40 (para los que no le entiendan, más abajo está la transcripción con los puntos y comas que le faltaron a mi hijo).

31-marzo-08
De: Manolo
Para: Mi mamá
Mamá:
Hoy como todos los días, deseo para tí que la vida te sea tan nueva como cuando eras niña y que se revele ante tus ojos un tiempo de paz, amor, prosperidad, fortuna e inmensa felicidad. Que seguro con tu madurez, mirada y actitud, sabrás recibir sólo porque te lo mereces. Al amanecer día a día sin quejarte, tomando lo que tienes y, con tu trabajo, multiplicándolo y transformándolo en un maravilloso mundo de posibilidades que nos ofreces, por el cual yo te estoy y estaré en esta vida siempre agradecido. Aunque hoy este agradecimiento se quede en esta hoja; en mi mente y corazón será por la eternidad, más que como una palabra, como un profundo sentimiento que espero, con ayuda de la vida, mis actos y esa fuerza incomprensible que es Dios, poderlo transformar en materia necesaria para disfrutar cada vez más y mejor esto: la vida.
Ahora sí, como año con año y con el mismo pretexto ¡Muchas felicidades! por tu cumpleaños, y más aún, por todo lo que eres y reflejas y haz hecho; dos humanos de pies a cabeza, por la aventura
emprendida de tu vida para criar y crear otras.
Otra vez ¡felicidades!, y con la libertad de que en esta hoja no hay fecha; te deseo el mejor día de tu vida en compañía de todos tus seres queridos y el poder de aprovecharnos con la simpleza del hoy, olvidándonos un poco del ayer y lo que ahí pasó, así como del mañana y lo que pasará. Tomando solo una pizca de prevención para el futuro y no llenando nuestros bolsillos del presente pretendiendo sacarlo después, olvidando que no nos pertenece, sino dejando que todo pase y se mueva tomando solo lo mejor, lo necesario.
En fin, te quiero mucho y te deseo lo mejor hoy y siempre. Muchas felicidades y que sigas cumpliendo muchos años más, o mejor aún; acumulando muchas más experiencias, vivencias, buenos sentimientos, buenas compañías y todo lo bello que aún le falta a la vida por entregarte en tu memoria, corazón, alma y espíritu.
PD. Te quiero mucho y ¡MUCHAS FELICIDADES!
Acá, también me hicieron un regalo.
¿Se puede pedir más?
Mucho se dice que a los 40, las mujeres vivimos una “segunda adolescencia”, esa etapa llena de inseguridades y búsquedas. ¡Pues bienvenida sea esa etapa nuevamente! si eso significa seguir creciendo y apostando por lo que se quiere. Por lo menos yo, mientras me llegan los 50.... seguiré soñando y anhelando.
PD. GRACIAS, gracias a todos los que, lejos o cerca, recordaron mi cumple 40.



